Aprende cómo cuidar geranios con esta guía infalible. Descubre trucos de floración salvaje, cómo aniquilar a la mariposa del geranio y los secretos de las gitanillas. ¡Tu balcón será legendario!
Si hay una imagen que resume la alegría de vivir en España es un balcón rebosante de geranios. Pero no de esos geranios tristes, larguiruchos y con cuatro flores mal contadas que se ven a veces por ahí. No, yo hablo de esos ejemplares que parecen sacados de una revista, con bolas de flores tan grandes que apenas dejan ver el verde de las hojas. Si alguna vez te has preguntado por qué los de tu vecina están siempre perfectos y los tuyos parecen estar en una lucha constante por la supervivencia, estás en el lugar adecuado.
Llevo años metida entre macetas, ensuciándome las uñas y probando cada truco que me contaba la gente mayor. He aprendido que cuidar geranios no es una ciencia exacta, pero tiene sus mañas. No se trata solo de echarles agua y esperar a que el sol haga el resto. Hay todo un mundo de necesidades, desde el tipo de tierra hasta la forma exacta en la que cortas una hoja, que marca la diferencia entre una planta mediocre y una auténtica obra de arte natural. Prepárate, porque vamos a sumergirnos de lleno en el universo de los pelargonios para que te conviertas en la autoridad máxima de tu barrio.
- El origen de una planta que se cree española pero viene de muy lejos
- Vistazo Rápido
- Las variedades que transformarán tu casa en un paraíso
- El manual de supervivencia: Luz, tierra y agua
- La alimentación de tus geranios: Cómo pasar de flores normales a flores espectaculares
- La poda: Pierde el miedo a las tijeras para ganar en belleza
- La gran batalla: Cómo ganar la guerra a la mariposa del geranio
- Reproducción: Cómo tener geranios infinitos gratis
- El invierno y el geranio: Un pacto de supervivencia en el clima español
- Interpretando el lenguaje de las hojas: El semáforo del geranio
- La importancia del recipiente: Barro contra plástico
- Secretos avanzados para una floración infinita
- Preguntas Frecuentes sobre el cuidado de geranios
- ¿Por qué mi geranio tiene las hojas muy pequeñas?
- ¿Puedo tener geranios dentro de casa?
- Mi geranio tiene unos bichitos verdes muy pequeños, ¿qué son?
- ¿Es normal que el geranio huela un poco fuerte al tocarlo?
- ¿Qué hago si se me ha olvidado regarlo y está totalmente lacio?
- ¿Cuándo es el mejor momento para trasplantar?
- ¿Por qué mis geranios no huelen a nada?
- ¿Puedo usar el agua del aire acondicionado para regar mis geranios?
- Mi geranio tiene una capa blanca como harina en las hojas, ¿qué es?
- ¿Cómo sé si la oruga de la mariposa está dentro del tallo?
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El origen de una planta que se cree española pero viene de muy lejos
Para entender a una planta, primero tienes que saber de dónde viene. Aunque el geranio es el rey indiscutible de nuestros patios cordobeses y de las ventanas de los pueblos blancos, su árbol genealógico nos lleva directamente a Sudáfrica. Imagínate las condiciones allí: sol intenso, periodos de sequía, suelos que no siempre son los más fértiles y una competencia feroz por la luz.
Esa herencia es la que hace que el geranio sea tan duro. Es un superviviente nato. Llegó a Europa hace unos cuantos siglos y se adaptó tan bien, que hoy nos cuesta imaginar un paisaje mediterráneo sin ellos. Pero esa ascendencia africana es la que nos da la primera pista de oro: al geranio le gusta el calor y odia tener las raíces encharcadas. Si intentas tratarlo como a una planta de selva tropical, lo vas a matar en dos semanas. Ellos quieren sentir el sol en la cara y que la tierra se seque un poco antes de volver a beber.
La gran confusión: Geranios contra Pelargonios
Aquí te voy a soltar un dato de esos que te hacen quedar genial en cualquier reunión de jardinería. Lo que nosotros compramos en el vivero y ponemos en el balcón no son, botánicamente hablando, geranios. Son Pelargonios. Los geranios auténticos son plantas más silvestres, muchas veces perennes y muy resistentes al frío, que se usan más en rocallas. Los nuestros, los de las flores espectaculares, son pelargonios. Pero no te preocupes, que aquí los vamos a seguir llamando geranios porque es el nombre que nos sale del corazón y el que todo el mundo entiende. Al final, lo que importa es la explosión de color que nos regalan cada primavera.
Vistazo Rápido
| Aspecto Clave | Requisito Ideal | Consejo de Amiga |
| Luz Solar | Mínimo 6-8 horas de sol directo. | En zonas muy calurosas (como el sur de España), dales un respiro de sombra a mediodía. |
| Riego | Moderado. Solo cuando la tierra esté seca (2-3 cm de profundidad). | ¡Nunca mojes las hojas ni las flores! Riega siempre directamente al sustrato. |
| Sustrato | Mezcla de buena calidad con perlita y humus de lombriz. | El drenaje es vital; si el agua se queda estancada, las raíces se pudren rápido. |
| Abonado | Cada 15 días en primavera y verano con abono rico en Potasio. | No abones nunca con la tierra seca; riega un poco antes para proteger las raíces. |
| Poda de Limpieza | Constante (quitar flores marchitas y hojas secas). | Al quitar la flor seca, obligas a la planta a fabricar una nueva inmediatamente. |
| Poda Fuerte | Una vez al año (final de invierno o principio de primavera). | Pierde el miedo: corta hasta dejar un tercio de la planta para que rebrote con fuerza. |
| Plaga Principal | Mariposa del Geranio (oruga taladradora). | Usa insecticida sistémico (barritas o spray) de forma preventiva de marzo a octubre. |
| Material Maceta | Barro cocido (preferiblemente). | El barro es poroso y mantiene las raíces más frescas que el plástico en verano. |
| Multiplicación | Esquejes de tallo (10-12 cm). | Deja secar el corte del esqueje unas horas antes de plantarlo para evitar hongos. |
| Invierno | Proteger de heladas (manta térmica o interior fresco). | Casi no riegues en invierno (una vez al mes); el frío y la humedad son una combinación letal. |
Las variedades que transformarán tu casa en un paraíso
No todos los geranios son iguales, y esto es algo que mucha gente ignora al principio. Dependiendo de si tienes un balcón pequeño, una terraza grande, o si vives en una zona con mucho viento, te convendrá más un tipo u otro. Vamos a repasar las cuatro familias principales para que elijas con criterio.
El Geranio Zonal: El gigante de los pompones
Este es el que probablemente tienes ahora mismo en la cabeza. Se llama zonal por esa especie de dibujo oscuro en forma de herradura que tienen sus hojas. Es una planta que crece hacia arriba, con tallos gruesos y carnosos. Lo que más me gusta de ellos es que las flores se agrupan en bolas compactas que duran muchísimo tiempo. Son perfectos para macetas grandes en el suelo, o para jardineras profundas. Son robustos, aguantan el viento mejor que otros y tienen una gama de colores que va desde el blanco más puro hasta el rojo más oscuro, pasando por rosas que parecen pintados con acuarela.
La Gitanilla: La cascada de color que todos soñamos
Si lo que buscas es ese efecto de cortina de flores que cuelga de la barandilla, la gitanilla es tu mejor aliada. Técnicamente es el pelargonio de hoja de hiedra. Sus tallos son mucho más finos y largos, y tienen la capacidad de colgar con mucha gracia. Las hojas son diferentes, más brillantes y duras, lo que las protege genial de la evaporación. A diferencia del zonal, las flores de la gitanilla suelen ser un poco más sencillas, pero saca muchísimas más. Es la reina absoluta del sur de España porque aguanta el sol de justicia como ninguna otra.
El Geranio de Pensamiento: La elegancia hecha flor
Este es el aristócrata de la familia. Sus flores no son bolas, sino que son individuales y mucho más grandes, con unos dibujos en los pétalos que parecen caras o manchas de terciopelo. Son absolutamente espectaculares, pero te aviso: son un pelín más delicados. No les gusta tanto el calor extremo del verano de interior y suelen florecer, sobre todo, en primavera. Si vives en una zona con un clima más suave o si tienes un rincón en semisombra donde no pegue el sol de las tres de la tarde, el geranio de pensamiento te va a dar unas alegrías increíbles.
Los Geranios de Olor: Un perfume natural en cada esquina
Mucha gente los pasa por alto porque sus flores suelen ser pequeñas y menos llamativas, pero para mí son imprescindibles. Sus hojas tienen aceites esenciales que, cuando las rozas, desprenden aromas a limón, rosa, menta o, incluso, chocolate. Son fantásticos para ponerlos cerca de las zonas donde te sientas a leer o a cenar, porque además de oler de maravilla, muchos de ellos (especialmente los que huelen a limón), son un escudo natural contra los mosquitos. Cuidar geranios de olor es como tener un ambientador natural que nunca se acaba.

El manual de supervivencia: Luz, tierra y agua
Vamos a meternos en harina con los cuidados básicos. Aquí es donde la mayoría de la gente falla, no por falta de ganas, sino por exceso de mimo o por aplicar reglas que sirven para otras plantas pero no para nuestros protagonistas.
El sol no es una opción, es una obligación
He visto a mucha gente intentar tener geranios en un patio interior sombrío o, incluso, dentro de casa cerca de una ventana. Olvídalo. El geranio necesita sol directo, y cuanto más, mejor. Necesitan al menos seis u ocho horas de luz directa para poder procesar la energía suficiente y fabricar flores. Si no les das sol, la planta se estira, los tallos se vuelven débiles y solo verás hojas. En el norte de España, el pleno sol es su paraíso. En zonas como Sevilla o Murcia, si el sol de agosto es criminal, pueden agradecer un poquito de sombra filtrada a mediodía, pero nunca, nunca, los dejes en penumbra total.
El suelo: No escatimes en la base
Si vas al supermercado y compras el sustrato más barato que encuentres, tus geranios te lo van a echar en cara. Necesitan una tierra que sea rica en nutrientes pero que, sobre todo, drene muy bien. El mayor enemigo del geranio es el encharcamiento. Yo suelo hacer una mezcla propia: sustrato universal de buena calidad, un buen puñado de perlita para que airee y un poco de humus de lombriz para que tengan comida de la buena desde el primer día. Si la tierra se apelmaza y se queda como un bloque de arcilla, las raíces se asfixiarán y la planta morirá de forma fulminante.
El arte de regar sin ahogar
Aquí está el gran secreto. ¿Cuándo hay que regar? Olvídate de los calendarios fijos de tres veces por semana. El mejor indicador es tu dedo. Mete el dedo en la tierra unos dos o tres centímetros; si notas humedad, no riegues. El geranio prefiere pasar un poco de sed que estar siempre empapado. En verano, con el calor de España, lo normal es que necesiten agua a diario o cada dos días, pero siempre comprobando que la tierra ha respirado. Un consejo de amiga: nunca mojes las hojas ni las flores al regar. El agua sobre los pétalos los pudre y en las hojas puede atraer hongos. Riega siempre directamente sobre la tierra, con cariño.
La alimentación de tus geranios: Cómo pasar de flores normales a flores espectaculares
Si hay algo que he aprendido con los años es que un geranio es como un atleta de élite. Imagínatelo: está todo el día bajo el sol, fabricando hojas nuevas y, sobre todo, produciendo esas bolas de flores que consumen una cantidad de energía increíble. Si solo le das agua, al final la planta se agota. Es como si tú intentaras correr una maratón comiendo solo lechuga. No funciona.
Para cultivar geranios que dejen a todo el mundo con la boca abierta, el abonado no es negociable. Pero cuidado, que aquí es donde mucha gente mete la pata y acaba quemando la planta, o haciendo que solo crezcan hojas verdes gigantes sin ni una sola flor.
Entendiendo el menú: Nitrógeno, Fósforo y Potasio
Seguro que has visto en los botes de abono esas letras de NPK. No hace falta que seas química, pero quédate con esto: el nitrógeno hace que la planta esté verde y crezca, pero si te pasas, tendrás un arbusto precioso sin flores. Lo que nosotras buscamos para nuestros geranios es un abono que tenga mucho fósforo y, sobre todo, mucho potasio. El potasio es el que se encarga de que los colores sean intensos y de que la floración sea constante.
Yo te recomiendo que durante los meses de primavera y verano, que es cuando están a tope, les des de comer cada quince días. Yo prefiero el abono líquido que se mezcla con el agua de riego porque la planta lo absorbe volando. Pero ojo, un truco de amiga: nunca abones cuando la tierra esté seca como la pólvora. Riega un poquito primero, deja que las raíces se hidraten y luego echa el agua con el abono. Así evitarás que las raíces se quemen por la concentración de sales.
El toque orgánico que marca la diferencia
Si eres como yo y te gusta darle un toque más natural a tus plantas, no ignores el humus de lombriz. Una vez al año, preferiblemente en primavera, quita los dos o tres primeros centímetros de tierra de la maceta y añade una buena capa de humus. Es como darle un complejo vitamínico de liberación lenta. Además, mejora la vida del suelo, y unas raíces felices significan una planta invencible.
La poda: Pierde el miedo a las tijeras para ganar en belleza
Este es el punto donde la mayoría se echa atrás. Me dicen: pero cómo voy a cortar esa rama si tiene hojas verdes. Yo siempre les digo lo mismo: si no cortas, tu geranio se convertirá en un conjunto de palos largos con cuatro hojas en la punta. Eso, seamos sinceras, es muy feo.
La poda es lo que le dice a la planta que tiene que ramificar, que tiene que hacerse ancha y tupida. Es la forma de mantenerla joven.
La poda de limpieza: El mantenimiento diario
Esto es algo que deberías hacer casi cada vez que salgas al balcón a echarles un ojo. Consiste, simplemente, en ir quitando las flores que se van marchitando. No esperes a que se caigan solas. Corta el tallo de la flor desde la base, donde se une al tallo principal. ¿Por qué? Porque si dejas la flor seca, la planta gastará energía en intentar fabricar semillas en ese lugar. Si la quitas, la planta dice: bueno, pues voy a sacar otra flor nueva por otro lado. Es una forma de engañarla para que no pare de florecer en todo el verano.
También tienes que quitar las hojas que veas amarillas o con manchas. Esas hojas ya no están trabajando para la planta, solo están consumiendo recursos y, además, pueden ser un foco de hongos si se quedan ahí pudriéndose con la humedad.
La poda de rejuvenecimiento: El momento de la verdad
Esta es la poda fuerte, la que se hace una vez al año. Dependiendo de dónde vivas, el momento cambia. En zonas cálidas como Sevilla o la costa mediterránea, es mejor hacerla al final del invierno, cuando ya no hay riesgo de heladas pero la planta todavía no ha despertado del todo. En zonas más frías, espera a que empiece el buen tiempo.
No tengas piedad. El objetivo es dejar la planta a un tercio de su tamaño original. Tienes que cortar por encima de los nudos (esos bultitos que se ven en los tallos). Al principio te va a dar una pena horrible ver tu maceta casi vacía, pero te prometo que en cuanto suban las temperaturas un par de grados, verás brotar una cantidad de ramas nuevas que no te lo vas a creer. Es como si le dieras un botón de reinicio.
La gran batalla: Cómo ganar la guerra a la mariposa del geranio
Si vives en España, sabes perfectamente de lo que te hablo. La Cacyreus marshalli, esa mariposita pequeña y marrón que parece inofensiva pero que es el auténtico terror de nuestros balcones. Llegó desde África hace unas décadas a través de Mallorca y se ha extendido por toda la península como la pólvora.
Cuidar geranios en España hoy en día implica, obligatoriamente, saber gestionar esta plaga. Si te descuidas, en una semana te puedes quedar sin planta.
Cómo detectar al enemigo antes de que sea tarde
La mariposa pone sus huevos en los capullos de las flores o en las hojas más tiernas. Cuando nacen las orugas, estas se meten dentro de los tallos y empiezan a comérselos por dentro. Por eso es tan difícil de combatir, porque cuando ves el daño, el enemigo ya está a salvo dentro de la planta.
Fíjate bien en tus geranios. Si ves unos agujeritos negros en los tallos, o si ves que los capullos de las flores se secan antes de abrirse y tienen un pequeño orificio, es que ya tienes inquilinos. Si tocas el tallo y está blando o se queda hueco entre tus dedos, la oruga ya ha hecho su trabajo.
Mi estrategia de defensa total
Yo no me la juego. Para combatir a la mariposa uso una combinación de prevención y ataque directo. Durante los meses de calor (desde marzo hasta octubre), uso un insecticida sistémico específico para geranios. Lo de sistémico es clave: significa que la planta absorbe el producto y lo lleva por toda su savia. Cuando la oruga da el primer bocado al tallo, se acaba el problema.
Hay productos que se pinchan en la tierra (unas barritas que se van disolviendo), y otros que se pulverizan. Yo uso los dos. Pulverizo cada quince días al atardecer, cuando el sol ya no quema las hojas, y pongo las barritas en la tierra para tener una protección continua. Es la única forma de tener geranios perfectos si vives en zonas donde esta plaga es endémica.
Reproducción: Cómo tener geranios infinitos gratis
Una de las cosas que más me gustan de estas plantas es lo generosas que son. Si tienes una gitanilla que te encanta por su color o un geranio zonal que heredaste de tu abuela, puedes hacer copias exactas de forma súper fácil. No hace falta comprar plantas nuevas cada año si aprendes a hacer esquejes.
El paso a paso del esqueje perfecto
Aprovecha la poda de la que hablábamos antes para sacar tus esquejes. Busca ramas que estén sanas, que no tengan flores y que tengan un grosor similar al de un lápiz. Corta un trozo de unos diez o doce centímetros.
El truco que casi nadie cuenta es que no debes plantarlo inmediatamente. Deja que el corte se seque al aire durante unas horas, o incluso de un día para otro, en un lugar sombreado. Esto hace que se cree una especie de callo en la herida que evita que el tallo se pudra cuando lo metas en la tierra.
Luego, quita las hojas de la parte de abajo, dejando solo dos o tres en la punta, y mételo en una maceta pequeña con un sustrato muy ligero (mezcla de turba y arena o perlita). Mantén la tierra un poco húmeda pero no encharcada y ponlo en un sitio con mucha luz pero sin sol directo. En un par de semanas, verás que el esqueje empieza a sacar hojas nuevas. ¡Felicidades! Ya tienes una planta nueva idéntica a la madre.
El invierno y el geranio: Un pacto de supervivencia en el clima español
Mucha gente piensa que el geranio es una planta de usar y tirar. Llega el frío, la planta se pone fea y la tiran para comprar otra en primavera. A mí eso me parte el alma. Un geranio puede vivir diez años perfectamente si sabes cómo ayudarlo a pasar el invierno, dependiendo de si vives en la sierra de Madrid o en la costa de Málaga.
En las zonas donde las heladas son frecuentes y el termómetro baja de cero, el geranio entra en una especie de sueño profundo. Si los dejas a la intemperie sin protección, el agua que hay dentro de sus tallos carnosos se congelará, las células reventarán y te encontrarás con una planta negra y blanda en cuanto salga el primer rayo de sol. Eso es el fin.
Si tienes espacio, lo ideal es meterlos en un lugar fresco pero muy luminoso, como un lavadero o un porche acristalado. Pero ojo, no los metas en el salón con la calefacción a tope. El calor seco de los radiadores es veneno para ellos en invierno. Necesitan sentir que hace fresco para descansar, pero sin llegar a congelarse.
Si no tienes más remedio que dejarlos fuera, la manta térmica de jardinería es tu mejor amiga. Envuelve las macetas, tapa la parte aérea y, sobre todo, eleva las macetas del suelo con unos tacos de madera o unos ladrillos. El frío que sube del suelo es lo que más castiga a las raíces. El riego en invierno es casi inexistente. Una vez al mes es más que suficiente si no llueve. La humedad excesiva con frío es la receta perfecta para que aparezca la podredumbre negra del tallo, que no tiene cura.
Interpretando el lenguaje de las hojas: El semáforo del geranio
Tu geranio te habla constantemente, pero no con palabras, sino con colores. Aprender a leer lo que te dicen sus hojas te ahorrará muchísimos disgustos y dinero en productos que, a lo mejor, no necesitas.
Cuando ves que las hojas inferiores se ponen amarillas, casi siempre es un aviso de que te has pasado con el agua. Es su forma de decirte que las raíces no pueden respirar. Pero cuidado, si las hojas amarillas son las de arriba, las más nuevas, a lo mejor lo que tiene es clorosis férrica, es decir, que le falta hierro porque la tierra es muy caliza, o el agua de tu grifo tiene mucho cloro. Un poco de quelato de hierro y verás cómo recuperan ese verde intenso en unos días.
¿Qué pasa si las hojas se ponen rojas? Esto suele pasar mucho en otoño o cuando hace mucho frío de repente. Es una reacción al estrés térmico. No es grave, es simplemente que la planta está fabricando antocianinas para protegerse del frío. Si ocurre en verano, puede ser que el sol sea demasiado fuerte, o que le falte fósforo.
Si ves manchas de color óxido, como unos polvillos anaranjados por el envés de la hoja, tienes roya. Es un hongo muy pesado que aparece cuando hay mucha humedad y poca ventilación. Arranca las hojas afectadas en cuanto las veas y no las eches al compost, tíralas a la basura directamente. Un buen fungicida a base de cobre, o un remedio casero con cola de caballo te ayudará a mantenerlo a raya.
La importancia del recipiente: Barro contra plástico
A veces, compramos la maceta que más nos gusta por el color, pero no pensamos en la salud de la planta. En España, con el calor que llegamos a tener en agosto, el material de la maceta es vital.
Yo siempre recomiendo el barro cocido, el de toda la vida. ¿Por qué? Porque el barro es poroso. Permite que las raíces respiren y que el exceso de agua se evapore también por las paredes de la maceta. Además, el barro mantiene las raíces mucho más frescas. Si pones un geranio en una maceta de plástico negro a pleno sol en Córdoba, las raíces, literalmente, se van a cocer.
Si prefieres el plástico o la resina por el peso, asegúrate de que sean de colores claros y de que tengan muchísimos agujeros de drenaje. Y nunca, bajo ninguna circunstancia, dejes el plato debajo con agua estancada durante días. Si quieres ponerle plato para no manchar el suelo del balcón, llénalo de guijarros o piedras para que la maceta se apoye sobre ellos y nunca esté en contacto directo con el agua.
Secretos avanzados para una floración infinita
Si ya haces todo lo anterior y quieres dar el salto al siguiente nivel, hay un par de trucos que yo llamo de exhibición.
El primero es el estrés hídrico controlado. No se trata de dejar que la planta se muera, sino de espaciar los riegos un poco más de lo normal, justo antes de que empiece la temporada fuerte de flores. Cuando la planta siente que el agua escasea un poquito, activa su instinto de reproducción y saca más capullos. Eso sí, en cuanto veas que empiezan a asomar, vuelve a tu rutina normal de riego y abono.
El segundo truco es el pinzado de las puntas. Si tienes un geranio joven, corta la puntita de crecimiento de los tallos principales. Esto obligará a la planta a sacar brotes laterales. Cuantas más ramas tenga, más puntos de floración habrá. Es preferible perder las primeras flores de la temporada para tener el triple de flores durante el resto del año.
Preguntas Frecuentes sobre el cuidado de geranios
¿Por qué mi geranio tiene las hojas muy pequeñas?
Normalmente es por falta de nutrientes o porque la maceta se ha quedado demasiado pequeña. Si las raíces están apretadas como un bloque de cemento, la planta no tiene energía para sacar hojas grandes. Prueba a trasplantar a una maceta un poco mayor con tierra nueva y rica.
¿Puedo tener geranios dentro de casa?
Poder, puedes, pero no van a estar felices. El geranio es una planta de exterior. Dentro de casa suelen sufrir por la falta de luz directa y por la falta de ventilación. Si lo intentas, ponlo pegado a la ventana más soleada de la casa y asegúrate de que no haya corrientes de aire acondicionado ni calefacción cerca.
Mi geranio tiene unos bichitos verdes muy pequeños, ¿qué son?
Eso son pulgones. Les encantan los brotes tiernos y los capullos de las flores. Se alimentan de la savia y pueden deformar las hojas nuevas. Un chorro de agua con un poco de jabón potásico es mano de santo contra ellos. Es ecológico, barato y muy efectivo.
¿Es normal que el geranio huela un poco fuerte al tocarlo?
¡Sí! Es su mecanismo de defensa. Ese olor tan característico viene de unos pelillos microscópicos que tienen en las hojas y tallos. Ese aroma ayuda a repeler a algunos insectos y es parte de la identidad de la planta. A algunas personas no les gusta, pero para mí es el olor del verano.
¿Qué hago si se me ha olvidado regarlo y está totalmente lacio?
No desesperes. Sumerge la maceta entera en un cubo con agua durante diez o quince minutos hasta que dejen de salir burbujas. Esto se llama riego por inmersión y sirve para rehidratar el sustrato que se ha quedado tan seco que ya no absorbe el agua. Luego déjalo escurrir bien a la sombra y no lo vuelvas a regar hasta que la tierra esté seca otra vez.
¿Cuándo es el mejor momento para trasplantar?
Sin duda, al principio de la primavera, justo cuando la planta empieza a despertar. Verás que los días se alargan y el geranio saca sus primeros brotes verdes claros. Ese es el momento de darle una casa nueva y tierra fresca.
¿Por qué mis geranios no huelen a nada?
La mayoría de los geranios zonales o las gitanillas no tienen un aroma floral dulce como el de un jazmín. Su aroma está en las hojas. Si quieres olor, tienes que buscar las variedades específicas de geranios de olor, como el Pelargonium graveolens. Esos sí que perfuman todo el balcón cuando sopla un poco de aire.
¿Puedo usar el agua del aire acondicionado para regar mis geranios?
Es una pregunta con trampa. El agua del aire acondicionado es agua destilada, no tiene minerales. Si la usas siempre, acabarás empobreciendo la tierra. Puedes usarla si la mezclas con un poco de agua del grifo o si eres muy constante con el abonado líquido.
Mi geranio tiene una capa blanca como harina en las hojas, ¿qué es?
Eso es oídio, un hongo muy común cuando hay mucha humedad ambiental y las plantas están muy juntas. Mejora la ventilación, separa un poco las macetas y usa un fungicida de azufre. Evita mojar las hojas cuando riegues, eso es fundamental.
¿Cómo sé si la oruga de la mariposa está dentro del tallo?
Busca manchas oscuras o agujeros pequeños en los nudos del tallo. Si al apretar el tallo notas que está blando o cede, es que la oruga se lo ha comido por dentro. En ese caso, corta por lo sano hasta encontrar parte del tallo que esté verde y sólida.
Espero que esta guía te sirva para mirar a tus geranios con otros ojos. No son solo plantas, son compañeros que nos regalan vida y color a cambio de muy poquito. Si les das el cariño y la atención que hemos visto hoy, te aseguro que tu balcón será el centro de todas las miradas este año.
¿Qué te ha parecido este viaje por el mundo del geranio? ¿Tienes algún truco de esos que pasan de madres a hijas y que quieras compartir conmigo? Me encantaría que me contaras tu experiencia en los comentarios, si has conseguido salvar alguno de la mariposa, o cuál es tu color favorito para este año. ¡Anímate y escríbeme, que me hace mucha ilusión leer vuestras historias verdes!





